Antes de comenzar, me gustaría decir que este va a ser un artículo bastante distinto al resto. Descubrir la Biblia es la columna vertebral de este blog, pero a veces me gusta observar y contemplar ciertas cosas que están íntimamente relacionadas con Dios y la existencia humana sin necesidad de citar versículos.

La verdad es que nunca pensé que pudiese continuar un proyecto que implicase tanto trabajo durante tanto tiempo seguido, porque realmente soy una persona poco constante, pero estoy muy contento de haber llegado hasta aquí y que Dios me haya ido enseñando tanto durante este proceso. Hoy escribo el artículo número 100 y como se supone que debería ser especial, voy a comentar un tema que suele partir por la mitad a la comunidad cristiana: ¿La salvación se pierde?

Es un tema bastante recurrente cuando se suelen juntar varias personas de distintas denominaciones cristianas a debatir, y ciertamente ya se ha escrito, quizá, todo lo que se habría de escribir de acuerdo a este tema. Muchos escritores, teólogos y maestros ya han hablado de los puntos de vista, los versículos, las conexiones entre los textos complicados y sobre los contextos que rodean a versículos que parecen posicionar claramente cada una de las ideas. Todo esto está más que mascado, leído y releído. Y si a día de hoy estás leyendo este artículo y no tienes clara una posición acerca de este tema, te invito a que investigues, a que leas bastante acerca de los dos puntos de vista y luego vuelvas.

Trabajo previo

Echando un vistazo rápido a lo que hay por internet, si quieres ver los pros y los contras de cada uno, te recomiendo que le eches un vistazo a ¿Se pierde la salvación? ¿Sí o no? un artículo de protestante digital que aboga por la imposibilidad de perder la salvación. También puedes leer ¿Puede un cristiano perder su salvación? otro artículo de Cristianismo activo que explica que sí se puede perder. También tenemos más información en GotQuestions o ¿Se pierde o no la salvación? ¿Qué dice la Bilbia? acerca de qué es un cristiano y cómo debería esto influir en la pérdida o no pérdida de la salvación. También te recomiendo que leas ¿La salvación se pierde?  donde se explica este tema a raíz de la obra trinitaria en la salvación. Incluso puedes leer este artículo de facebook donde se dan 26 razones por las que no se pierde la salvación, al menos está curioso.
Si no quieres leer, aquí tienes un vídeo que habla desde el punto de vista de que la salvación se pierde. También está este, un poco más extraño, pero bastante curioso en ciertas maneras, también este vídeo donde se expone el punto de vista por reconocidos predicadores latinoamericanos. Y por último, queda a tu decisión si quieres ver este vídeo de los dos puntos de vista expresados por personas que incluso dudaría que estén algunos de ellos en la sana doctrina.
Y si quieres profundizar aún más, puedes leer libros como ¿Se puede perder la salvación? de Sproul, o este artículo detallado de un análisis de Hebreos 6.4 de John McArthur que ahonda en uno de los versículos más importantes de este tema.

¿Y ahora? ¿qué más tendría que decir yo? realmente con la información que les he dado hay más que de sobra para entender las dos posturas con ejemplos bíblicos, citas, doctrina (alguna falsa y otra no) sobre todo lo que se puede hablar, comentar y entender acerca de la pérdida o no pérdida de la salvación.

El debate no es nuevo, comenzó poco después de la reforma y se mantiene hasta nuestros días escavando, cada vez más, un precipicio peligroso entre las dos corrientes en el cristianismo. Dicho de otro modo: Separando la Iglesia.

¿Y es malo el debate? yo no creo que pensar de una manera o de otra en cuanto a esto sea determinante para considerar a otro cristiano como cristiano real o no. Pero, si has visto algunos vídeos que he puesto, podrás ver que no son pocas las iglesias que apoyan la idea de la pérdida de la salvación (sobre todo) que llaman al resto, literalmente, “hijos del diablo”. Así que, aunque pueda parecer un tema irrisorio, realmente está haciendo bastante daño en la comunidad Cristiana.

Yo no voy a analizar las posturas, en esta ocasión, desde un punto de vista teológico, ni voy a defender citas o textos, para eso les he puesto los enlaces y vosotros podéis leerlos e informaros (y buscar muchos más), pero si quiero sumergirme en lo que hay detrás de estas posturas y reflexionar acerca de los porqués y más aún, entender la vida, en este mundo, en base a la salvación de Jesucristo.

La razón de una postura

Hace ya algún tiempo aprendí algo: No es sólo el juicio y la razón lo que nos mueve a posicionarnos ante un tema en concreto, de hecho, la verdad, al igual que un regalo, suele despreciarse cuando se entrega en un envoltorio inapropiado.
Voy a poner varios ejemplos:
  • Cuando lo que es cierto choca con lo que queremos: Esto es lógico, si alguien quiere transmitirnos una idea que va en contra de lo que queremos hacer, rápidamente la vamos a rechazar. Si a mi me encanta la Coca-Cola y alguien me dice que la Coca-Cola es un refresco que contiene mucha más azúcar de la recomendada para el organismo, voy a tratar de dar un rodeo en mi mente para poder seguir tomando Coca-Cola, que es lo que me gusta. Inventaremos excusas, razonamientos y estrategias para llegar a conclusiones que nos favorezcan.
  • Cuando lo que es cierto desafía o invalida lo que sabemos: También lógico, si durante toda mi vida he pensado algo concreto en cuanto a un tema, y alguien me dice que realmente es lo contrario a lo que pensaba, pues me costará muchísimo aceptarlo. Yo antes pensaba, y estuve mucho tiempo pensando, que conducir en punto muerto el coche, suponía un ahorro de gasolina, y a pesar de que varios amigos me decían lo contrario yo tenía en mi cabeza una serie de razones que me convencían de que consumía menos (menos revoluciones del motor, no pisar el acelerador, el ruido del coche, etc) todo esto impedía que viese la realidad.
  • Cuando lo que es cierto obliga a desechar otras ideas como un efecto dominó: Cuando alguien te dice algo que tú no conocías y te obliga a cambiar toda una serie de ideas que tenías sobre un tema en específico te cuesta muchísimo aceptar eso que te están diciendo. Esto surge efecto en muchas áreas de tu vida, así que imagina el peso que debe de tener en cuanto a la salvación. En el entendimiento que tenemos de la Biblia esto sucede muchísimo, porque cuando alguien te hace ver un significado distinto de algún versículo, debes después re-entender todas las conexiones que ese versículo tenía con el resto de la Biblia que antes dabas por sentado, así que es un cambio total de pensamiento muy complejo de asumir.
  • Cuando lo que es cierto nos lo dice alguien que tenemos en baja estima: Muy común también, es razonablemente cierto que aceptamos la opinión de personas a las que admiramos y solemos desechar las ideas de las personas que rechazamos. Es muy complicado que acepte la palabra de un predicador que no me cae bien, o de un hermano con el que he tenido un problema, o más aún, reiterados problemas. Eso va a complicar bastante la aceptación de lo que dice. 
Esto son sólo algunos ejemplos de esas cosas que, al margen de la razón, nos impiden acercarnos a una postura. En los casos que he citado, no hay ninguna razón para no aceptar una idea que no esté profundamente atada al orgullo, la influencia y los sentimientos. Y estas maneras de afrontar la realidad pueden hacerse tan poderosas en nuestras vidas hasta el punto de que podremos rechazar, incluso, que 2+2=4.

Evidentemente no tiene nada de malo confiar en las personas a las que quieres, ni tampoco mantenerte firme en tu postura si crees que es lo correcto, o luchar contra una idea que, a priori, parecen desafiar lo que crees o piensas, pero hay que tener cuidado en que estas herramientas se puedan convertir en armas que destrocen, no sólo la comunión con la Iglesia, sino también, tu relación con Dios.

Yo, si pensara que la salvación se puede perder, y lo he pensado toda mi vida, y he oído a pastores y predicadores a los que admiro predicar a favor de esta idea, y buena parte de la Biblia la entiendo bajo este prisma y además mucho de lo que sé acerca de la Biblia y acerca de la vida, muchas preguntas que se me plantean de observar la existencia, lo puedo responder con esta idea y si encima es lo que quiero que funcione en mi realidad; Cuando alguien me diga que la salvación no se pierde LO VOY A RECHAZAR, casi con total seguridad, y voy a luchar para demostrar que lo que me dicen, no sea cierto.

Así que es importante entender, para todo creyente, que muchas veces no estamos luchando contra la necedad o la ignorancia o la falta de conocimiento, sino que estamos luchando contra muros de creencias establecidos en las personas, con raíces tan profundas que si se arrancan tambalearán todo lo que esa persona conoce. Estos debates no luchan contra un dato o información, luchan contra estilos de vida. Es como cuando alguien me dice a mi que Dios no existe, ¿qué cosas debería cambiar en mi vida para establecer esa idea como real?

Entonces, ¿qué te hace pensar eso?

Así que la pregunta más evidente ahora es ¿por qué piensas lo que piensas? dicho de otra manera ¿qué hay detrás de tu manera de pensar?

¿De dónde aprendemos?

Sería una idea interesante hacer una encuesta a las personas de las iglesias para preguntarles si las ideas que tienen acerca de la Biblia es porque las han aprendido por ellas mismas o porque alguien se lo enseñó. Seguramente tendríamos que asumir un enorme porcentaje de personas que responderían que saben muchas cosas de la Biblia porque otras personas se lo enseñaron. Esto no es malo, en ninguna manera, pero, a mi entender refleja dos cosas: (1) la preocupante falta de deseo por la iglesia de conocer a Dios más allá de las predicaciones dominicales, y (2) por otro lado, la, a veces ciega, confianza que depositan los “feligreses” en sus maestros. ¿Qué quiero decir con esto? que la respuesta rápida a la pregunta de ¿que hay detrás de tu manera de pensar? seguramente sea, porque me lo han enseñado así. Aunque después tengas argumentos (que también habrás aprendido de otros) la base es alguien que enseña así. Esto es doblemente evidente dado que ninguna de las dos posturas queda explícitamente aclarada en la Biblia y por tanto son las personas las que han interpretado lo que es o no es y a este grupo de personas es al que va enfocada la pregunta. ¿qué te lleva a pensar en esto más allá de la interpretación bíblica?

Razones para que la salvación se pierda

He tratado de hacer un listado de aquellas razones por las cuales una persona pueda enseñar o aceptar que la salvación se pierde. Esta lista la he hecho en base a las actitudes y maneras de enseñar de personas que expresan estas ideas:
  • La libertad humana: Es imposible hablar de la pérdida o la no pérdida de la salvación sin hablar de Arminiano y Calvino. La base de Arminiano en cuanto a esto es que el ser humano es absolutamente libre. Esta idea: “el ser humano es absolutamente libre” contrasta con Calvino en cuanto a que “el ser humano está predestinado por Dios”. ¿Qué ocurre? Que siempre se han visto estos dos puntos de vista como algo absolutamente contradictorio, por tanto, si el ser humano es libre, no puede ser predestinado. En definitiva las dos posturas han provocado una reacción en las iglesias que establece que ambas posturas son totalmente incompatibles. Así que si piensas como Arminiano en cuanto a que el ser humano puede rechazar al Espíritu Santo y que puedes perder la salvación estarás en el club arminianista, opuesto al club calvinista. La raíz del pensamiento arminiano es que no podemos evadirnos de la realidad para aceptar ciegamente un pensamiento teológico, y la realidad es que yo puedo decidir lo que quiera decidir cuando quiera decidirlo. Y esto es totalmente cierto. El error está en desechar la idea de que la predestinación sea real (en los ámbitos en los cuales es real) aún cuando el libre albedrío exista. Esta idea ha ido tejiendo nudos a lo largo de los años y tergiversándose hasta llegar a nuestros días con las ideas más absurdas y blasfemas que podamos pensar (lo mismo ha pasado con el calvinismo mal entendido). En definitiva el pensamiento arminiano, o mejor dicho, el pensamiento arminiano “mal evolucionado”, podría considerarse el desencadenante informativo de esta creencia. (Si quieres leer más sobre el pensamiento arminiano, te recomiendo esto)
  • La necesidad de una guía: Todas las personas necesitamos guías, en casi cualquier ámbito de la vida, necesitamos saber si las decisiones que tomamos en cualquier sentido son buenas decisiones o no. En este sentido, he detectado que las personas que piensan que la salvación se pierde, necesitan saber los pasos a seguir para conseguir el objetivo (ser salvos). Entonces es necesario saber que debo comportarme como un hijo de Dios para ser salvo, no debo mentir para ser salvo, tengo que predicar el evangelio obedeciendo al mandato de Jesús para ser salvo. No me malinterpreten, no creo que ellos piensen que son salvos por hacer estas cosas, son salvos por creer en Jesucristo como su salvador, pero esa salvación se puede perder si la descuidan, entonces deben saber qué hacer para no descuidarla, tienen que seguir pasos, tienen que tener una guía, una LEY. Si el ser humano es absolutamente libre, la única manera de conducirlo es mediante un camino que deba andar, y no se puede salir del camino, porque eso conllevaría a la pérdida de salvación. Entonces hay una necesidad de poner normas que le digan cómo deben vivir sus vidas. Esto me hace pensar en que; lo que busca una persona que cree que la salvación se pierde es cierta autonomía, cierta responsabilidad. La responsabilidad de la salvación reside, como mínimo, en parte, en el individuo. Y donde hay responsabilidad hay mérito, hay reconocimiento. Así que, si en parte, la responsabilidad está en el individuo, el reconocimiento y el mérito, en parte, residen en el individuo. Por desgracia, el siguiente paso que suele darse después de este, es el orgullo, que invade las vidas de las personas que creen que han hecho algo para merecer la salvación. O por lo menos, para conservarla.
  • La necesidad de saber, en todo momento, en que estado se encuentran: O dicho de otro modo, el miedo a no ser salvos. Es cierto que la incertidumbre que sufren las personas por esta realidad siempre ha existido, pero es algo, que Dios soluciona con el Espíritu Santo. Él da evidencias a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. No es necesario cumplir tareas para que sepamos que lo somos. Dios nos dice que lo somos. Esta postura, sin embargo, soluciona esta incertidumbre con las obras o con el comportamiento… hasta el punto de que una persona que ha caminado toda su vida con Dios puede perder la salvación el último día de su vida por algún acto “extremadamente pecaminoso”.
  • La necesidad de diferenciarse de los no salvos: Esto también lo he detectado en el otro punto de vista, pero de una manera bastante distinta. En este caso la diferencia entre una persona que es salva y una persona que no lo es se puede asegurar de una manera bastante fácil. Como la salvación se pierde y se puede recuperar, basta con observar un comportamiento “inadecuado o pecaminoso” para poder afirmar que la persona no es salva. La diferenciación, es decir, la capacidad de discernir si alguien es salvo o no, está al alcance de las personas. Es interesante pensar, o por lo menos para mi lo es, a que distancia se encuentra esta capacidad, de juzgar o decidir en base al comportamiento de otra persona. El ser humano juez de la salvación del propio ser humano.

Razones para que la salvación no se pierda

  • La predestinación divina: Lo contrario al libre albedrío. Calvino puso más peso en la idea de que el ser humano no es absolutamente nadie para poder liberarse del pecado. No tiene esta capacidad, puesto que está muerto, un muerto no puede hacer nada, es por eso que es Dios es el que pone en el corazón de las personas el deseo de arrepentirse, es por eso que Él los conserva hasta el día de su muerte terrenal. Esto es lo que pensaba Calvino y es la idea que ha ido saltando de generación en generación hasta nuestros días. Para Calvino la gracia es irresistible, así que una persona destinada a vivir eternamente con Dios no puede rechazar al Espíritu Santo. Si lo tratamos de decir de manera práctica; el ser humano no tiene opciones. Este es un punto importante para las personas que consideran que la salvación no se pierde. Si no has podido hacer nada para ganarla, ¿cómo vas a poder hacer algo para perderla? Esta enseñanza perdura en las personas profundamente arraigada en el calvinismo y puede desviarse hacia extremos conservadores peligrosos. Si no puedes hacer nada para ser salvo y todo depende de la predestinación, ¿para qué se evangeliza?
  • La necesidad de tener una tranquilidad controlada por Dios: Al igual que la persona que cree que la salvación se pierde pone su confianza en lo que él puede hacer o no hacer, el que piensa que la salvación es imperdible deja absolutamente la pelota en el tejado de Dios. Mal llevado, este pensamiento desemboca en una excusa barata para el libertinaje. Dios siempre me va a perdonar, yo soy salvo, así que da igual lo que haga, la salvación la tengo garantizada. En este sentido, este pensamiento puede llevar a tratar al sacrificio de Jesús como un mero contrato que ya está firmado y no se puede derogar. La frase “soy un pecador como todos, pero soy redimido” es muy habitual entre las personas que piensan de esta manera. Esto da lugar a muchísimas disfunciones dentro de la vida de los creyentes y, sobre todo, de las iglesias, porque deja al cristiano en una posición potencialmente débil y cobarde: 
    • Debilidad: El cristiano no tiene la autoridad de hacer nada, porque Dios lo ha hecho todo, no se reprende a otros, no se dan pasos hacia la mejora de las vidas o de las iglesias, se genera un estancamiento doctrinal, etc. Si no tienes ninguna capacidad, si toda la tarea la tiene Dios, tu avance es nulo. 
    • Cobardía: El creyente no se atreve a hacer suyo el papel que le corresponde dentro del plan de Dios. Creo que esto no es un pensamiento que ronde por las cabezas de las personas, pero es verdad que se produce una difusión de la responsabilidad cuando toda la iglesia se mira buscando quién es responsable de llevar a cabo la obra que Dios encomendó a su Iglesia. 

Resumiendo…

Lo cierto es que no todas las personas piensan así, ni todo cristiano está pensando en su cabeza todas estas cosas cuando toma estas decisiones o se posicionan. Si es cierto que hay muchos cristianos que verdaderamente aman a Dios y a la Iglesia y tienen distintas maneras de ver las cosas y no hay un sentimiento oscuro que rondan en lo profundo de sus corazones.
Además, he obviado todas las razones positivas que pueden impulsar a una persona a posicionarse, razones, que como veremos al final, son las mejores razones para vivir la vida de una manera distinta.
Pero pienso que realmente ciertos extremos pueden conducir a ideas y pensamientos equivocados e incluso impropios de un creyente, y esta puede ser una manera de entender cómo afecta antes y después en el pensamiento de las personas el hecho de posicionarse en uno de los dos bandos.

El plan perfecto

Personalmente creo que la salvación no se pierde, en mi cabeza siempre ha resonado una frase que me dice: ¿De verdad hay algún pecado por el cuál Jesucristo no haya muerto? La respuesta es evidente: No. Jesús murió por todos los pecados, pasados presentes y futuros que se han cometido, que se cometen y que se cometerán. Así que pensar en la idea de que le salvación se pierda es pensar en que: (1) hay pecados más poderosos que Dios, ergo Dios no es todopoderoso (2) Jesús no hizo su obra completa en la cruz (3) la obra de Jesús no es válida para todos los casos (4) No vivimos en la gracia, sino en las obras (5) Dios miente. (y puede que un largo etcétera) Si soy fiel a lo que la Biblia enseña, a la generalidad de las escrituras, no hay nada que me pueda hacer pensar que la salvación se puede perder, y, por favor, no podemos utilizar los textos oscuros (complicados) para dar respuestas a los textos claros. Por el contrario, usemos lo que es evidente en la Biblia para responder a las preguntas evidentes. La salvación es eterna, irrevocable, incontestable, insustituible e imposible de invalidar. Y hay preguntas que pueden surgir (a) ¿y los versículos en los que dice que Dios borrará nuestro nombre del libro de la vida? (b) ¿y las personas que se bautizan, creen y luego se apartan? (c) ¿y los versículos que hablan sobre cuidar nuestra salvación? Y así hay muchas otras preguntas que tratan de darle la vuelta a lo que está bien atado. Pero se pueden hacer otras preguntas: (c) ¿Cuántas personas crees que serán salvas si la salvación depende de que ellos la cuiden? (b) ¿Cómo puedes saber si una persona es salva o no lo es? (a) ¿De verdad vas a utilizar versículos escatológicos para defender una postura acerca de algo especialmente fundamental en la vida de un creyente?

Siempre hay preguntas, y siempre hay respuestas posibles en la comunidad cristiana ante cualquier postura. Los cristianos nos hemos hecho expertos en moldear las palabras y las ideas para que encajen en cualquier situación.

Ahora bien, si bien es cierto que creo firmemente en que la salvación no se pierde, estoy totalmente dispuesto a afirmar que la salvación no se pierde, y si:
Tenemos que ser honrados en afirmar que realmente lo que nos concierne acerca de que si la salvación se pierde o no tiene mucho que ver con la situación salvífica del resto de personas, porque espero que todos estemos dispuestos a admitir que es Dios mismo el que nos da testimonio a nosotros de que somos sus hijos. (Para otro día queda demostrar las maneras en las que esto sucede)
Me explico, ¿qué se yo acerca de tu salvación? Nada. Sinceramente, nada. No puedo determinar cual es tu situación en cuanto a este tema. Bajo esta premisa, si no sabemos si una persona es salva o no en cualquier momento de su vida, podemos decir que la idea de que la salvación se pierde y que la salvación no se pierde pueden ser reales, de manera práctica, al mismo tiempo en su vida, independientemente de que una de las dos sea la única real. Vamos, que no tenemos una manera real ni empírica de demostrar ninguna de las dos cosas.

Así que, te propongo lo siguiente, deja de pensar que debes hacer algo para conseguir/mantener la salvación y deja de pensar que por tenerla no hay que hacer nada. Bajo mi punto de vista, el ser humano trata de responder cuál es su papel en esta salvación regalada. Y creo firmemente que la salvación debe ser una reacción en cadena, una respuesta, un impulso que se propaga a través de las personas que la han recibido. No eres salvo para tener que mantenerla, no eres salvo para conformarte, eres salvo porque Dios tiene preparadas para ti, cosas que ni imaginas. La salvación es el botón de encendido que encienden las luces que iluminan tu vida. Es el desencadenante de toda tu relación con Dios. Es el primer paso para entender que no actúas para conseguir algo, es el primer paso para comprender que no está todo hecho. La salvación es el prisma que te permite ver la vida como Dios la ve, con el prisma del amor.
Y el prisma del amor carece de intereses. En estas dos posturas, se puede observar el interés humano o bien de enorgullecerse o bien de conformarse en una actitud pasiva, pero el amor no se interesa en sí mismo, el amor es acción, no se plantea en qué posición está para expresarse, no piensa en condiciones que modifiquen su conducta. El amor no trata de aprobar un examen.
¿Qué pensarías de alguien que se casa con otra persona y después pensase que ya no tiene que hacer nada por esa persona? ¿Qué pensarías de alguien que se casa con otra persona y después viviera con la idea de que tiene que satisfacer constantemente a la otra persona porque si no, su matrimonio se disolverá?
Pensaría que en ambos caso no están viviendo un matrimonio real. Están viviendo un contrato, y no una relación.
Una de las consecuencias de la salvación es la obediencia, es una causa que produce un efecto. Al igual que un árbol crece por los nutrientes llegados de la lluvia y el sol, la obediencia y las obras se perfeccionan a raíz de la salvación. Es la chispa que enciende el fuego, es un desencadenante.
Por eso, la salvación abre las puertas a una relación, donde la persona convive en la gratitud de una salvación inexplicable. Pensar en la salvación como un contrato que se puede romper o pensar en la salvación como un mero formalismo es quitarle su propósito, es degradarla a una simple firma.

Uniendo fuerzas

Pero como siempre pasa, el que está en una postura sólo puede ver lo bueno que hay en su postura y lo malo que hay en la otra, pero ambas posturas tienen puntos positivos, creer que la salvación no se pierde te hace vivir con confianza en Dios, te hace ser más agradecido, te da paz para afrontar los problemas con la mirada puesta en Él. Pensar que la salvación no se pierde hace que no te duermas, te empuja a actuar, te pone en la cabeza la visión de: espabila, hay mucho que hacer, consigue que no te estanques.
Así que mi consejo, no es mio, pero se resume en: Confía en tu salvación como un calvinista y gánatela como un arminiano.
Dios ha hecho un plan perfecto para nuestras vidas, une lo bueno de ambas posturas y glorifícale con una vida que refleje a Cristo. Ama como un salvo.